No hay deuda que no se pague,
dice el antiguo refrán.
Aprovechando la tranquilidad de
unos días de descanso, y después de infinitas postergaciones, pude por fin saldar
una personal deuda de honor que tenía con BARRY LYNDON, de Stanley Kubrick.
No haber visto esta parte de la
filmografía de este insigne director norteamericano, era para mí una situación casi insostenible en el tiempo. Así que, sin mayores cavilaciones, me acomodé en mi
estropeado sillón –lo de viejo no es un eufemismo literario-, eso sí, apropiadamente armado de una copia en alta definición del
film, para disfrutar el evento como corresponde -y como Kubrick se merece,
claro-.
BARRY LYNDON me parece un film
incomprendido. Es probable que las sombras de obras maestras tales como “2001:
ODISEA DEL ESPACIO”, o de “EL RESPLANDOR”, o de la “NARANJA MECÁNICA ”
opaquen el brillo propio que tiene esta
singular historia de mediados de siglo. Sin duda debe ser así, pero en mi opinión este extenso film tiene grandes méritos que merecen ser destacados.
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BARRY LYNDON (1975) |
La exquisita técnica de Kubrick -yo diría casi al borde de la obsesión- se revela gigante en BARRY LYNDON. Cada plano está cuidadosamente planificado y dirIgido, la fotografía se maravilla con el uso de la iluminación con velas, las tomas en exteriores capturan la belleza del paisaje inglés con maestría inigualable, todo respaldado por una banda sonora de música clásica que lo transporta a uno a otro tiempo. Quizás el aspecto más bajo de la película tiene que ver algunas debilidades argumentales de la historia, que no la hacen suficientemente atractiva y dinámica.
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